Un paraíso sin playa

Un paraíso sin playa

Una ciudad custodiada por la Giralda a través de unas calles de olor a incienso. Donde el sol brilla y el arte está en la calle. Un lugar donde perderte y encontrarte a ti mismo. Una segunda casa: Sevilla. Texto e imágenes por Belén Sancho.

Dicen que Sevilla tiene un color especial. Quién escribiera la canción no podía haberla denominado mejor. Como si fuera la primera vez, cogí la maleta y me puse en marcha dirección Sevilla-Santa Justa. Como siempre, las tres horas y media de AVE se hacen interminables y deseosa de escuchar: “Final de trayecto”.

Siempre es especial pisar una ciudad con tanto color y tanta alegría. Pero todavía es más bonita cuando se prepara para la Feria de Abril. El ambiente que se respiraba el fin de semana anterior al comienzo de la feria era espectacular. Mucha gente por las calles y terrazas llenas que daban gusto de ver y que te hacían olvidar los tiempos tan complicados que vive el país en cuanto al tema económico.

Recorrer cada callejuela histórica del centro es una de las sensaciones más parecidas que puedes experimentar a sentirte como si estuvieras en un auténtico laberinto. Me negué a llevar mapa esta vez. Prefería la improvisación y no saber dónde podría terminar. ¿Y dónde íbamos a terminar? En el punto central más bonito de la ciudad. “Todos los caminos conducen a Roma”. A Roma no sé, pero en Sevilla todos los puntos llevan a la Giralda. Da igual en qué punto estés del centro, comenzarás a andar por calles (casi idénticas que se caracterizan por su estrechez) y entre tanto girar, recto, girar, recto, terminarás de una u otra manera en la Giralda.

Una filosofía de vida diferente

Si hay algo que adoro de Sevilla es la filosofía de vida que tienen sus ciudadanos. Y más que su filosofía de vida, la manera de ser que tienen. Esa cercanía, esa simpatía y esa alegría que contagian a todo aquel que visita la ciudad y pasea por sus calles.

Es un verdadero placer el dejarte perder por una ciudad con el encanto de Sevilla. Da igual que sea de noche o de día, la ciudad te envuelve con estampas preciosas que no sabes describir con palabras. Simplemente, déjate llevar no necesitas nada más aquí.

El Puente de Triana es uno de los más famosos de Sevilla.

Pasear por el Puente de Triana, callejear por las estrechas calles del centro histórico, buscar ‘tu banco’ en la plaza de España, son pequeños detalles que debes descubrir y ver con tus propios ojos. Yo me enamoré de esta ciudad en la primera visita que hice, pero ha sido con los viajes posteriores cuando me he dado cuenta de la belleza y de lo que verdaderamente significa para mí esta ciudad. Una ciudad donde me siento yo, donde me siento libre y donde me encantaría pasar gran parte de mi vida.

Religión verdiblanca

Esa filosofía de vida de la que hablaba se ve muy bien reflejada a la hora de interpretar el fútbol.  Da igual que sea en el Pizjuán que en el Villamarín, la intensidad que tienen ambas aficiones por sus colores es algo increíble. Y tuve la fortuna de vivir un Real Betis-Real Zaragoza en el Benito Villamarín. Algo que siempre tenía pendiente y que no me quería perder por nada del mundo.

El ambiente a fútbol se empezaba a respirar desde fuera donde centenares de béticos se congregaban para recibir a su equipo. Esta vez yo era parte del enemigo con mi bufanda blanquilla, pero me sentía a gusto entre la multitud verdiblanca. Tras pasar el típico registro antes de entrar al estadio, era el momento de empezar a disfrutar.

Sol y un calor casi veraniego nos iban a acompañar durante todo el encuentro. Poco a poco se iba llenando el estadio y empezaba a coger un color diferente. Pero, sin duda, el momento más emotivo llegaría cuando comenzara a sonar el himno del Real Betis. Todos los béticos en pie con sus bufandas a lo alto cantando al unísono el himno. La música era secundaria, pues la voz cantante la llevaban las miles de gargantas que se encontraban animando esa mañana en el Villamarín. Con los pelos de punta y con los nervios a flor de piel comenzó el partido.

Dejando de lado el resultado y lo visto en el terreno de juego, la intensidad que se vive en un partido de fútbol en Sevilla es totalmente diferente a la que se puede vivir en otros campos. Pero algo que me dejó totalmente sorprendida fue a la salida. El Real Zaragoza había caído goleado estrepitosamente y yo iba con mi bufanda y mi camiseta. Saliendo del estadio, varios béticos se dirigieron a nosotros para darnos palabras de ánimo. Un gesto muy deportivo que, aunque en ese momento de la derrota sirva de poco, con los días lo terminas valorando.

Y, como siempre, cuando vuelves a subirte al tren con destino a casa, el siguiente pensamiento que te viene a la cabeza es: ¿Cuándo voy a volver a Sevilla? Muy pronto, eso seguro.

Más imágenes de Sevilla en Flickr

Belén Sancho Ligorred

Licenciada en Periodismo. Estoy especializada en Marketing Online y en Innovación de Contenidos Digitales. Soy una apasionada de la fotografía, del deporte y de la comunicación. Siempre aprendiendo y en busca de nuevos retos.

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