Jaca: una ventana al Pirineo | Blog Periodista Intrépida
2029
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Jaca: una ventana al Pirineo

El otoño deja una estampa preciosa en el Pirineo.

Jaca: una ventana al Pirineo

Hay veces que la suerte te acompaña cuando viajas. A nosotros, esta vez, el tiempo nos dejó disfrutar de uno de los últimos fines de semana de otoño por el Pirineo. Los paisajes verdes se mezclaban con tonos naranjas y amarillos que creaban una estampa única. Un viaje que nos ha servido para conocer un poquito más el Pirineo y nos ha invitado a seguir descubriendo más y más. Texto y fotografías por Belén Sancho Ligorred.

Primera parada: Jaca. Sí, fuimos a lo típico, pero no habíamos estado todavía y nos parecía el sitio perfecto para alojarnos y comenzar el viaje. Estábamos en la avenida principal, por lo que la ubicación no podía ser mejor. Ambos días desayunamos en una coqueta cafetería-panadería llamada Bidasoa. Ofrecían un desayuno completo por un buen precio y el trato fue inmejorable. Con las pilas cargadas, emprendimos el camino e hicimos un poco de turismo paseando por la Ciudadela y el casco antiguo de Jaca. Lugares emblemáticos y que nos encantó visitar en primera persona. 

Esa misma noche decidimos subir hasta la Estación Internacional de Canfranc. Desde noviembre hasta enero, puede disfrutarse de un estupendo espectáculo nocturno de luz y sonido. Suele empezar sobre las 20:30h y tiene una duración de más o menos 20 minutos. Es una actividad gratuita y sirve para conocer un poquito más acerca de la historia de esta estación. También es muy recomendable hacer la visita al interior de esta, pero es necesario reservar antes porque casi siempre suelen estar las visitas agotadas. 

De Jaca a Sallent y vuelta

Al contrario que otras de nuestras escapadas, planeamos con anterioridad un itinerario. Así nos asegurábamos los pueblos que queríamos visitar. Aunque existen muchísimos pueblos preciosos en el Pirineo aragonés, resulta imposible verlos todos en un mismo fin de semana. Acotamos e hicimos una selección de tres lugares para visitar el primer día: Sallent de Gállego, Panticosa y Biescas

No sé por qué siempre he sentido una pequeña debilidad con Sallent. Nunca antes había estado, pero había visto fotos. Siempre me repetía una y otra vez que tenía que visitarlo y al llegar allí entendí el porqué. No era como en las fotos, era mucho mejor de lo que me esperaba. Tenía bastante miedo, porque mis expectativas eran altas y no defraudó. Una foto con el gigante de Sallent (¿sabíais que llegó a medir 2’29m?), a las casitas con el fondo de la montaña y, por supuesto, cada rincón de sus calles. Se puede decir que exprimimos al máximo la visita. 

La decepción llegó en Panticosa. No por el pueblo, nos pareció precioso, sino por uno de sus parques. Había estado de pequeña y tenía una foto en unos columpios biplazas. Sí, en un solo columpio se podían subir dos personas. Preguntamos y fuimos hasta el “famoso” parque, pero para mi decepción se había cambiado absolutamente todo. Ahora era un parque más. Sin embargo, el pueblo era tal y como recordaba. Me encantó volver a pasear por sus calles. 

Pusimos rumbo al último pueblo del día: Biescas. Nos pareció un lugar peculiar, diferente, con el pueblo partido por el río. Resultaba pintoresca la estampa, aunque tampoco nos entusiasmó. Los otros dos pueblos habían puesto el  listón muy alto. Cansados fijamos nuestra vista en Jaca y a recargar pilas para el último día. 

Echo y Ansó, naturaleza en estado puro

Nos aguardaba una larga vuelta a casa, pero aún así quisimos aprovechar hasta el último segundo. No podíamos irnos sin visitar el valle de Echo y Ansó. Este último está considerado como uno de los pueblos más bonitos de España. Y no es nada raro, porque nos pareció precioso. Visitamos cada rincón de este pequeño pueblo y no pudimos salir más encantados y sorprendidos. Además comimos una de las mejores migas que hemos probado nunca. Si pasáis por ahí, no dudéis en entrar en el restaurante-hostal Kimboa. Fantástico. 

Aunque nos recomendaron volver por la misma carretera de ida, decidimos tomar la A-1602. Mala decisión. Es de dos direcciones y el espacio es reducido. No sé cuántos kilómetros fueron, pero se hicieron eternos hasta que salimos hasta una carretera más amplia. Aunque he de decir que mereció la pena por las vistas. Sin embargo para otras veces, y más si es en invierno, es mejor tomar la otra carretera que pasa por Echo. 

Lo que hemos conocido del Pirineo nos ha invitado a querer seguir ahondando más. Esto solo ha sido el principio. Volveremos.

4.5
08
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