Él no es tu amigo, es un matón

Él no es tu amigo, es un matón

Guardas tus muñecas, dejas tus pinturas y cierras el baúl. Es el momento de cerrar una etapa donde has sido muy feliz. Has jugado, te has divertido, has aprendido y, sobre todo, has conocido a gente a la que consideras amiga. Crees que todo va a ir bien, aunque te asusta compartir espacio con personas mayores que tú. 

Es el momento de comenzar otra andadura. Una nueva donde vas a conocer a más personas  y vas a seguir evolucionando. Pero donde verás que comienzan a cambiar muchas cosas, incluso tú misma. Te asusta, pero te han dicho que es parte de la vida y esto supone un reto más. Sin embargo, pronto te das cuenta de que todo va más rápido de lo que pensabas.

Algunos que considerabas amigos siguen ahí. Otros, en cambio, han conocido a más personas y han decidido dejarte de lado. No lo entiendes, pero lo dejas pasar. Quién no te deja pasar ahora es él, ese que considerabas amigo y que un día te tendía la mano. Recuerdas cómo os divertíais, pero ahora todo son burlas y humillaciones. ¿Por qué?, te preguntas.

No dices nada, pues ves que ocurre lo mismo con otras personas. Nadie dice nada y tú, según muchos, eres de las privilegiadas porque nadie te ha puesto la mano encima. “Cosas de niños”, dicen. Los insultos son diarios; las humillaciones, constantes y tú ya no te sientes igual. Comienzas a tener complejos y empiezas a tener problemas contigo misma, cuando antes no los tenías.

Los años pasan muy lentos aquí, nada que ver con años atrás donde las preocupaciones eran otras más sencillas. Los insultos han cesado, pero tú ya tienes una etiqueta. Todo el mundo la conoce y la usan en tu contra para humillarte. Con suerte, consigues terminar unos años nefastos. Tú ya no eres la misma ni de lejos. Hace mucho que ni siquiera te miras al espejo, han conseguido que veas lo que ellos dicen ver.

Y descubres la gran mentira. El dolor no pasa con los años si no lo sacas. Al revés, te acaba pudriendo. Y no te lo mereces. Trabajas cada día por volver a ser la que eras y, poco a poco, lo consigues. Aunque no es una tarea fácil porque con los años han aumentado los problemas de todo tipo. Conforme hablas con compañeras y compañeros que han sufrido lo mismo, te das cuenta de que esto tiene un nombre: acoso escolar. Ni eran, ni son ni serán cosas de niños.

Si has llegado hasta aquí y te sientes identificado/a, te voy a decir una cosa: cuéntalo. Dilo. Sea quien sea no es tu amigo, es un matón y no tiene derecho a decidir ni opinar sobre ti. Es acoso escolar, con todas las letras, por mucho que te cueste decirlo en voz alta, pero llevas demasiado tiempo asumiendo un rol que no te pertenece. No te calles jamás.

Texto por Belén Sancho.

Belén Sancho Ligorred

Licenciada en Periodismo. Estoy especializada en Marketing Online y en Innovación de Contenidos Digitales. Soy una apasionada de la fotografía, del deporte y de la comunicación. Siempre aprendiendo y en busca de nuevos retos.

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