Costa Brava: un paraíso al lado de casa | Periodista Intrépida
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Costa Brava: un paraíso al lado de casa

La Costa Brava es uno de los lugares más bonitos de España

Costa Brava: un paraíso al lado de casa

Cada vez que el tren llega a la estación de Barcelona-Sants una sonrisa de oreja a oreja se desborda en mí, sin embargo, esta vez el viaje no acabaría aquí. Esta vez continuamos el trayecto en coche para desplazarnos hasta Tossa de Mar (Girona) donde fuimos descubriendo los pueblos tan preciosos que posee la Costa Brava. Texto e imágenes por Belén Sancho Ligorred.

Resulta curioso como cambia la percepción de los lugares con el paso de los años. Cuando vuelves a un lugar de mayor lo aprecias de otra manera. Esos edificios ya no te parecen tan enormes y el paso del tiempo ha hecho que se deterioren algunas cosas que no recordabas antes. Otras, en cambio, la sensación es mucho mejor que la primera y descubres que no hay nada como volver al lugar donde un día fuiste feliz. 

Comienza la aventura. Elegimos Tossa de Mar porque nos parecía un pueblo precioso, pero, sobre todo, tranquilo. Queríamos evitar aglomeraciones y ese turismo insano que te obliga a hacer colas por todo, así que la elección no pudo ser más acertada. Es muy pequeñito, pero con muchos rincones y lugares coquetos para disfrutar y, sobre todo, tiene aventura. ¿Por qué? Porque encontrar aparcamiento gratis era una prueba de nivel, aunque con paciencia se podía conseguir. 

Siguiendo la ruta de Dalí

Lo bueno de viajar con coche es que te permite libertad absoluta. De tal manera, que si un día aparece nublado, quizás en otro pueblo no. Y eso hicimos toda la semana, cada día descubríamos lugares nuevos. Estar en Girona y no visitar lugares como Figueras o Cadaqués, nos parecía una locura y no nos lo pensamos.

Aunque esperaba un poquito más de Figueras, Cadaqués sí me dejó sin palabras. Por algo dicen que Dalí pasaba ahí sus veranos. Me pareció precioso, daba igual en qué calle estuvieras, todo tenía su encanto. Todo, excepto su carretera. Solo pasa una por el pueblo, lo cual puede resultar muy problemático en el caso de que haya algún accidente. Allí también fue todo un espectáculo poder encontrar aparcamiento gratuito y lo hicimos. 

Antes de haber aparcado en Cadaqués, decidimos subir primero al Cabo de Creus. Había estado de más niña y tenía recuerdo de que fuera un lugar espectacular. Aunque la carretera era un tanto peligrosa en algunos tramos, mereció la pena ir hasta allí. De nuevo, la suerte debe jugar un papel fundamental, pues es complicado aparcar arriba cuando hay tanta gente. Una vez allí, no paramos de un lugar a otro andando y disfrutando de cada vista. No era como lo recordaba, era mucho mejor. 

En un solo día, descubrimos tres pueblos de la Costa Brava que nos encantaron, pero todavía quedaban muchos más.

Nos adentramos en la Besalú Medieval

La visita a Besalú fue, sin duda, la mejor de todas las vacaciones. Durante toda la semana fuimos improvisando a diario e ir a este pueblo fue totalmente espontáneo. Al llegar, nos encontramos varios furgones de los mossos d’esquadra y muchísimo tráfico. No entendíamos nada y conseguimos aparcar como pudimos, no sin antes intentar enterarnos de qué estaba pasando. Tuvimos la suerte de que nuestra visita coincidió con la Feria Medieval de Besalú

Todos los años, el primer fin de semana de septiembre se celebra y se respira un ambiente espectacular. Pagando solo tres euros de entrada por persona, puedes disfrutar de la entrada al pueblo ambos días. Hay muchísimos puestos de comida, de artesanía y de espectáculos de la época. Además si vas con niños también tienen muchas actividades para pasarlo bien. 

Es un pueblo con mucho encanto y se conserva perfectamente en su estilo. Paseamos por todas las calles y nos dejamos sorprender con todo lo que ofrece. Los aficionados a la fotografía en este lugar lo tienen muy fácil. 

La magia de la Costa Brava: sus playas

Si algo nos impulsó para ir de vacaciones a esta zona fueron sus playas. Begur, Platja D’Aro o Palamós fueron solo algunas de las muchas que visitamos, aunque ninguno de los dos somos muy marinos. Merece la pena alquilarse una barquita o coger un ferry que te lleve a otras calas, porque es ahí donde se encuentran las verdaderas maravillas. Aiguablava, en Begur, es una bahía muy pequeña, pero perfecta para pasar el día. Si bien hay que ir con margen, porque no hay demasiado aparcamiento. 

Pero si me tengo que quedar con una solo de todas las que visitamos, sin duda, lo hago con Cala Giverola. Estaba en Tossa y se accedía mediante ferry, aunque también nos dijeron que se podía acceder andando, pero costaba llegar en torno a una hora. También era una bahía pequeña y llena de piedras, pero en este caso había muy poquita gente. Daba gusto estar. Aprovechamos para comer en este lugar, pues hay un restaurante que nos llamaba la atención “La Madrugada“. Comimos estupendamente y con vistas al mar, totalmente recomendable y no muy excesivo en el precio teniendo en cuenta el entorno. 

Un viaje que volveríamos a repetir mil veces por todo lo que visitamos y, sobre todo, por todo lo que comimos. Nos faltó poquito para volver rodando a Barcelona, pero preferimos hacerlo en coche. Ya sabéis, dejaros perder por Girona, que tiene muchos pueblos bonitos que ofrecer. Si queréis ver más fotos del viaje, podéis hacerlo en mi perfil de Flickr.

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